Un dia en el futuro George Bush se muere de un ataque al corazon.
Inmediatamente se va al infierno, donde el diablo lo estáesperando:
Realmente no sé que voy a hacer contigo", le dijo el diablo, estás en mi lista pero no tengo lugar para tí y como has sido tan malo tienes que quedarte aquí, así que vamos a hacer
lo siguiente:
Hay algunas personas aquí que no fueron tan malas como tú, así que tendré que dejar ir a alguien y tú te quedarás en su lugar. Es más, te voy a dar a escoger una de tres celdas.
Bush, que de todas maneras no tenía de otra, aceptó, así que el abrió la primera celda. Allí estaba Ronald Reagan en una gran alberca. Todo lo que hacía era zambullirse en el agua y volver a salir. Ese era su destino en el infierno.
No, pensó Bush, esto no me gusta, yo no soy buen nadador y no puedo hacer eso todo el día.
El diablo abrió la segunda celda y ahí estaba Richard Nixon, todo el santo día, picando con un martillo una montaña de piedras.
No, pensó Bush, no puedo picar piedras todo el día pues traigo problemas con mi hombro.
El diablo abrió la tercera celda y ahí estaba Bill Clinton, cómodamente tirado en el piso, con las manos detrás de su cabeza, las piernas abiertas y fumándose un largo puro cubano. Agachada sobre él estaba Mónica Lewinsky haciendo lo que ella sabe hacer mejor.
Bush miró la escena con incredulidad y gritó animadísimo:
Aquí me quiero quedar!.
Entonces el diablo sonrió maliciosamente y gritó: ¡Mónica, ya llegó tu relevo!
Otro +
Los piratas de los siete mares:
Este era un barco pirata, de pronto, aparece una fragata inglesa. El segundo de abordo grita:
¡Capitán, capitán una fragata inglesa a babor!
Entonces el capitán gira instrucciones:
¡Bajen las velas, coloquen la bandera pirata, todos a los cañones, sables en mano y tráiganme mi chaqueta roja!
Pin, pun, pan, trifulcas, golpes y porrazos y gana la batalla el barco pirata. Al otro día, nuevamente grita el segundo de abordo:
¡Capitán, capitán una goleta española a estribo!
Entonces el capitán gira de nuevo instrucciones:
¡Bajen las velas, coloquen la bandera pirata, todos a los cañones, sables en mano y tráiganme mi chaqueta roja!
Pin, pun, pan, 20 trifulcas, golpes y porrazos y gana otra vez la batalla el barco pirata.
Dos días después, el segundo de abordo vuelve a gritar:
¡Capitán, capitán una fragata portuguesa hacia la proa!
Entonces el capitán gira de nuevo instrucciones:
Bajen las velas, coloquen la bandera pirata, todos a los cañones, sables en mano y tráiganme mi chaqueta roja.
Pin, pun, pan, trifulcas, golpes y porrazos y de nuevo gana la batalla el barco pirata.
Al día siguiente el segundo de abordo se acerca y le pregunta al capitán:
Capitán todos estamos impresionados por sus dotes dirigiéndonos en la batalla y lo bien que nos ha ido en la mar. Sin embargo, todos entendemos por qué hay que colocar la bandera pirata, bajar las velas y lo demás, pero discúlpeme, ¿Para qué pide que le traigamos su chaqueta roja?
A esto el capitán contesta:
Elemental señor Smith; si por infortunio soy herido en batalla, la tripulación no se desmoralizará porque no se darán cuenta que estoy herido; de este modo siempre ganaremos la batalla. El señor Smith contesta:
Ah, que interesante y bien pensado mi capitán.
Tres días después el segundo de abordo grita:
¡Capitán, capitán, dos fragatas portuguesas a babor, tres fragatas inglesas hacia la popa y cuatro goletas españolas hacia proa, entonces el capitán, se rasca la cabeza y gira las instrucciones:
¡Bajen las velas, coloquen la bandera pirata, todos a los cañones, sables en mano y tráiganme mi pantalón marrón!